Aunque los proveedores de productos financieros se empeñan en publicitar la máxima rentabilidad que podríamos llegar a obtener si invertimos con ellos, la mayor parte de los inversores no nos acercamos a los mercados con la intención de dar un pelotazo, sino con la mucho más modesta esperanza de no perder.
Como veíamos hace unas semanas, una de las mejores prácticas para gestionar el riesgo de nuestras inversiones es la diversificación, especialmente si está basada en productos con diferentes tesis, que sirvan de cobertura a las debilidades del resto de nuestras apuestas.
En este contexto, y siendo conscientes de que los gestores profesionales no consiguen mejorar el resultado de un índice, en la última década ha triunfado la inversión en fondos y ETFs indexados. Es decir, que en lugar de elegir el que crees que es el valor que mejor comportamiento va a tener, compras un producto que invierte un poquito en todos los valores que componen un determinado índice, habitualmente según su peso o proporción en el mismo.
En resumen, tú dejas de pensar en dónde estás invirtiendo porque asumes que otro ya lo está haciendo por ti.
La analogía podría ser que vas con tu coche siguiendo a un colega porque él sabe como llegar a dónde vais. El problema obvio es que, si tu colega se pierde, os perderéis los dos. E incluso si le sigues muy de cerca y él pega un frenazo, lo mismo unís vuestros destinos incluso más de lo que te gustaría.
Esto no significa que consideremos una mala inversión a un indexado, sino que hemos de ser conscientes de que es una estrategia que tiene debilidades. Siempre la hay. Si no las encuentras, es que no estás mirando lo suficiente.
Desde mi perspectiva, el mayor problema que tiene la inversión indexada es que se basa en una falacia de composición: Lo que es verdad para uno, no es verdad para todos.
Supongamos que mañana es uno de agosto y queremos viajar en coche hacia la playa. Como sabemos que mucha gente va a salir también hacia la playa y queremos evitar el atasco, lo que hacemos es salir más temprano de lo que asumimos que hará el resto. Si creemos que los demás van a salir en masa después de desayunar, nosotros adelantaremos un par de horas la salida, y nos garantizaremos que viajaremos tranquilamente. Salvo que el resto haga exactamente la misma asunción y también adelante su salida un par de horas, en cuyo caso viviremos el mismo atasco (y además habremos madrugado). Esto es una falacia de composición.
De la misma manera, si yo compro un índice porque refleja de forma ponderada las opiniones de todos los demás actores de ese mercado, me servirá como diversificación y probablemente me ofrezca un resultado interesante.
Pero, si todos comprásemos un indexado… ¿A quién estaríamos siguiendo?
De forma que deberíamos preguntarnos si nuestra “original” estrategia sigue siendo algo minoritario y podemos confiar en que las valoraciones son un reflejo suficientemente fiel de las opiniones del mercado. Según un informe de Goldman Sachs de finales de 2024, en la última década los fondos de gestión activa se redujeron en 3 Trillion USD mientras los indexados han sumado al mercado 2,8 Trillions USD, y ya suponen el 26% de todo el SP500, el índice más seguido del mundo.
Podríamos empezar a estar siguiendo a alguien que sigue a alguien que a su vez sigue a alguien… que a su vez nos sigue a nosotros.
El asunto es que cuando la inversión indexada tiene mucho peso se refuerza la dinámica de generación de burbujas, o más concretamente se acelera el proceso. Si las acciones de Nvidia, el mayor valor del mundo hoy día, aumentan su valor por una exuberancia irracional de los inversores, la empresa gana peso dentro del índice, lo que obliga a los fondos indexados a comprar más acciones de Nvidia para mantener las proporciones que han prometido a sus clientes, lo que hace que si el 26% de los fondos se ponen a comprar a la misma vez las acciones de Nvidia suban… y así se acelera el ciclo de inflado de la burbuja.
Por otro lado, cuando un valor se desploma en su valoración vivimos el mismo proceso, pero a la inversa: todos los fondos queriendo vender a la misma vez lo que hace es retroalimentar una tendencia bajista y llevarla aún más abajo de lo que dictaría la lógica.
Nota: evidentemente hay una oportunidad de inversión aquí. Conocer cuáles van a ser los movimientos de ciertos inversores y poder anticiparte a ellos te da una ventaja considerable.
Porque ese es otro de los inconvenientes de la inversión indexada, dado que para evitar la falibilidad humana del gestor, sujeto a terribles y emocionales decisiones, alejadas de la extrema bondad de la racionalidad omnipresente en los algoritmos, aceptamos que las decisiones de nuestra inversión sean el resultado de una norma simple del tipo “siga a ese taxi”, cuando emerja un suceso positivo o negativo muy obvio, no podrán reaccionar a él.
Si ves que vas a pegarte contra un muro, tendrás que esperar a estrellarte, que tu valor se hunda, y entonces y solo entonces, cuando el valor se haya reducido respecto al peso total del índice podrás vender, a la misma vez que todo el resto de indexados, ese valor del que cualquier gestor con dos dedos de frente se hubiese deshecho hace semanas.
Otro ejemplo es lo que hemos vivido el último año y medio, con la OPA que BBVA lanzó para adquirir Banc Sabadell. En este caso BBVA había vinculado seguir adelante con la operación solo si conseguía el 30% más de los votos de los accionistas de Sabadell, por lo que era importante para ellos recabar apoyos. El asunto es que el 20% del capital del Sabadell estaba en manos de fondos pasivos, y su norma es justo esa: quedarse quietos. Independientemente de su opinión sobre la OPA. Aunque las condiciones les hubiesen parecido geniales y estupendas. Su mandato es el mismo que da un padre a sus retoños en la sobremesa de un restaurante.
Aunque este tema daría para mucho, y disfruto enormemente lo de ser contrarian a cualquier opinión mayoritaria, llegamos al límite del consumo de vuestra atención dominical que me autoimpongo.
La tesis de inversión de los indexados me parece excelente, pero al igual que toda estrategia, tiene puntos débiles propios de su propio diseño. Y al igual que el resto de inversiones, deja de funcionar cuando todo el mundo hace lo mismo: Si todos vamos a una playa desierta el mismo día, deja de ser desierta.
El mayor riesgo de la inversión en indexados no está en que compres más cuanto más caro está, eso al final tiene arreglo. El problema está en el momento en que vendas cuando más baje, porque eso tiene mucho peor solución.
La inversión en indexados está triunfando en los últimos años, “casualmente” coincidiendo con que el mercado ha vivido desde 2009 el ciclo alcista más largo y potente de la historia moderna.
Por otro lado, cualquier gestión algorítmica va a dejar valor “en las esquinas” que la mirada despierta de un humano va a poder aprovechar con un poco de esfuerzo, experiencia y arrojo.
Uno de los inconvenientes de la inversión inmobiliaria es que por su diseño estás obligado a realizar una gestión activa, a seleccionar tú los inmuebles a los que quieres exponerte (otro día hablamos de las SOCIMIs, sus ventajas e inconvenientes). Pero por ese “inconveniente”, y algunos otros de sus atributos, se convierte en una interesante opción de diversificación y cobertura para la inversión en indexados.
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