En el Foro de Davos celebrado esta semana la noticia que más atención ha acaparado es el culebrón de Trump sobre Groenlandia, con sus habituales aranceles de ida y vuelta. Pero como de este tema seguro que ya has visto suficientes opiniones y memes, nosotros vamos a centrarnos en otro evento, mucho más discreto pero tremendamente simbólico, relacionado con la batalla que actualmente libra la banca contra el yield de las stablecoins.
Brian Armstrong, CEO de Coinbase, uno de los mayores Centralized Exchanges cripto a nivel global, y uno de los más influyentes por haber hecho todo tipo de esfuerzos por operar dentro del marco regulatorio, o impulsar la creación de ese marco cuando no existe, se enfrentaba en un debate con François Villeroy de Galhau, Gobernador del Banco de Francia. Merece la pena ver estos tres minutos para formarte tu propio criterio directamente de la fuente.
En este vídeo podemos ver cómo Brian Armstrong comienza hablando de que considera Bitcoin y el dinero fiat como activos complementarios. Pero el desdén del establishment, arrogarse el control de la soberanía monetaria como garante de la democracia y el sonrojante argumento de la confianza que genera la independencia de los bancos centrales, hace que este endurezca el discurso y manifieste lo que de verdad piensa, generando las risas de los asistentes: “No somos complementarios, somos la competencia”.
Más allá de los argumentos del debate, creo que este vídeo es una buena metáfora de cómo algunos actores del mundo cripto han planteado, de forma más o menos sincera, mordiéndose más o menos la lengua en aras del pragmatismo, una convivencia con el sistema financiero actual. Y cómo la resistencia de las instituciones a que el mundo blockchain forme parte como miembro de pleno derecho, hace que les tengan que recordar que lo que plantea el paper de Satoshi Nakamoto no es una nueva tecnología con la que modernizar sus sistemas de anotaciones en cuenta. Es un sistema de transferencia de valor que no necesita terceros de confianza, lo que es a la vez una tecnología y una revolución ideológica.
Exacto, les recuerdan que técnicamente ya no son necesarios y que “vamos a llevarnos bien” durante el periodo que dure la transición, que incluso podrían tener la fortuna de que fuese un largo tiempo, en base a que se reinventen para aportar un valor distinto a la ciudadanía.
Luego están los maximalistas, aquellos que consideran que blockchain es una oportunidad para exterminar a la banca y reducir el poder del Estado. Pero creo que estos olvidan aquello del “monopolio de la violencia legítima”.
Esta misma cuestión, también con Brian Armstrong como protagonista, la estamos viviendo desde hace unas semanas en relación con la aprobación por el Senado USA de la Digital Asset Market Clarity Act, o Clarity Act para los amigos. Esta propuesta de ley, que fue aprobada por una amplia mayoría en el Congreso USA el pasado 17 de julio de 2025, pretende clarificar cómo son considerados los criptoactivos desde una perspectiva jurídica. Determinar si son considerados valores financieros (Securities, y por tanto serán regulados por la SEC) o si son considerados materias primas (Commodities, y por tanto serán regulados por la CFTC).
En un alarde de creatividad la Clarity Act pretende aportar claridad sobre cuál debe ser el funcionamiento de los criptoactivos, incluyendo las stablecoins. Estas ya habían sido aprobadas, también el 17 de julio de 2025 en la GENIUS Act, que establece quién puede emitirlas, cómo deben estar respaldadas, los criterios de transparencia y auditoría… Así que GENIUS Act se aprobó rápidamente y por amplia mayoría en Congreso y Senado. Lo que ha encallado es la Clarity Act, en su paso por el Senado. Y siempre hay un motivo para ello. Y suele estar relacionado con dinero o poder, o más concretamente con su cambio de manos.
El principal motivo de debate es que los bancos, obviamente con una gran influencia en el Senate Banking Committee, se han opuesto completamente a que las stablecoins puedan dar yield a sus poseedores. Es decir, que la mera posesión de un activo financiero que tiene como equivalencia una moneda de curso legal genere un rendimiento.
Y aquí está el escollo del que los bancos parecen haberse dado cuenta ahora. Después de 17 años del paper de Bitcoin, 14 años después de que el BCE publicase un informe sobre el impacto de las monedas virtuales en el sistema, 12 años después del nacimiento de las primeras stablecoins, con leyes USA sobre stablecoins ya aprobadas, con el reglamento MiCA de la UE en funcionamiento desde hace tres años… parece que esto de las stablecoins les afecta a su negocio tradicional.
«Es difícil conseguir que alguien entienda algo cuando su salario depende de no entenderlo» – Upton Sinclair
Pero lo primero es plantearnos, ¿tiene sentido esto de que el dinero genere rendimiento por su mera posesión?
Antes de abordar la cuestión es conveniente aclarar una confusión habitual entre el yield de las stablecoins, y las recompensas por staking que ofrecen algunas criptomonedas. Existen varios métodos de consenso, el mecanismo por el que una blockchain acepta el registro de una transacción, siendo los más habituales la Proof of Work (la que, por ejemplo, usa Bitcoin) y la Proof of Stake (por ejemplo, la que usa Ethereum). La Proof of Work ha sido ampliamente criticada por su coste energético, ya que se plantean problemas matemáticos complejos a resolver con una gran cantidad de cómputo, solo para asegurarse de la buena intención de quien añade el registro de un bloque a la blockchain. Debido a estas críticas, blockchains como Ethereum han implementado el Proof of Stake, en la que para demostrar esa buena intención lo que hace el usuario es bloquear una cantidad relevante de tokens, que perderá si hace alguna pifia al registrarlo. Dado que el registro de un bloque supone una recompensa para el validador, dejar tus ether (la criptomoneda nativa de Ethereum) bloqueados supone algo similar a un depósito bancario. (Para puristas, este blog tiene un carácter divulgador, para mayores matices leed el libro).
Aclarado que el rendimiento obtenido por staking en redes de Proof of Stake es algo diferente al yield de las stablecoins, volvamos a la pregunta sobre si tiene sentido que el dinero genere rendimiento por su mera posesión.
Como ya hemos comentado anteriormente el dinero desempeña tres funciones simultáneas: unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor. No parece razonable que una unidad de cuenta genere rendimiento, en tanto que es una medida como un metro o un litro. El concepto de medio de pago podría inducirnos a creer que sí produce una acción mercantil y que por tanto podría estar retribuida, pero lo estaríamos confundiendo con el sistema que realiza los pagos. En este contexto un medio de pago es aquel bien que un acreedor está obligado a aceptar para saldar una deuda. Tampoco parece que resulte razonable que un medio de pago genere rendimiento por su mera posesión. Por último, el concepto de reserva de valor también podría hacernos pensar que se trata de un depósito o similar, pero tampoco aplica en este caso, y es que si el dinero, por su mera tenencia, generase algún tipo de rendimiento, este sería un proceso inflacionario y perdería su condición de reserva de valor (Si estás pensando que los Euros o los Dólares son inflacionarios, efectivamente, desde hace décadas no pueden considerarse reserva de valor).
Por lógica, el rendimiento del dinero se produce cuando este es prestado a un tercero, en formato de crédito o inversión, para lo que queda bloqueado o inaccesible durante un plazo. Es este plazo y riesgo el que se ve recompensando con intereses o plusvalías, pero no la mera posesión.
En resumen, no existe eso de que te recompensen la mera existencia. O aportas esfuerzo, o asumes riesgo, o no hay recompensa. Y aplica igual a ti, que a tu dinero.
Entonces es evidente preguntarse de dónde viene el yield que entregan las stablecoins, por su mera tenencia, y como has podido deducir, proviene de que ese dinero se está utilizando para algo. Para préstamos, para aportar liquidez a mercados, para arbitraje… para alguna actividad que genera un beneficio y que tu proveedor de stablecoins comparte de alguna forma contigo para incentivarte.
Sí, exactamente como un banco.
Aunque como puedes imaginar este tema podría dar muchísimo de sí, y seguiremos hablando mucho de ello, llegamos a nuestro impuesto límite de consumo de vuestra atención dominical.
Los bancos y las empresas cripto arrastran desde su concepción una relación complicada. Como hemos visto anteriormente, el origen de blockchain como sistema de intercambio de valor se fija con el paper de Bitcoin, a finales de 2008, en plena crisis bancaria global, e impulsado por activistas cypherpunk que lo que propugnan es la desaparición de la banca. Y a ser posible del Estado.
No es de extrañar que durante todo el tiempo que han podido ignorarles y ningunearles, lo hayan hecho sin disimulo. Incluso se aliasen con el Gobierno USA para perseguir y demoler el proyecto Libra, la criptomoneda que en 2019 anunció Facebook.
Pero cuando emergen las stablecoins y se convierten en una realidad que ya no pueden obviar dado su tamaño y penetración en, por ejemplo, remesas y pagos transfronterizos, los bancos se dedicaron a ponerle palos en las ruedas a los exchanges cripto. Como la Operación Choke Point 2.0, en las que misteriosamente y seguro que nada coordinadamente, los bancos empezaron a cerrar cuentas a empresas cripto y dejarlas fuera del sistema sin más explicación.
Es cierto que escándalos como el de FTX en 2022 o el ingreso en prisión de CZ, fundador de Binance, en 2024 ayudaron bastante a los bancos en su misión de menoscabar el auge del mundo blockchain.
Ahora que entendemos mejor la reacción de Brian Armstrong en el debate de Davos de esta semana, que se enmarca dentro de la frustración por ver como el Gobierno USA estaba apoyando decididamente el mundo cripto, pero en la tramitación de la Clarity Act se está descafeinando su sueño, al punto de haber anunciado su rechazo al proyecto de ley.
Vivimos un momento apasionante de la Historia financiera, en el que quedan aún muchas preguntas por resolver. ¿Encontrarán un modelo de convivencia el mundo blockchain y el mundo financiero institucional? ¿Será en todo caso una convivencia abocada a la transición a un nuevo modelo financiero, totalmente descentralizado? ¿Conseguirán las instituciones apropiarse de blockchain y convertirlo en una mera evolución tecnológica, y quitarle su parte de revolución ideológica? ¿Alguien sabe cuánto son 400 dracmas?
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