Como sabéis quienes nos leéis semanalmente, una de nuestras principales preocupaciones y el origen de nuestro proyecto es la inflación, en tanto que destruye paulatinamente el valor del dinero que hemos conseguido ahorrar.
No hemos disfrutado de ese dinero en su momento para que podamos tenerlo disponible en el futuro, o ante cualquier imprevisto futuro, y cuando acudimos a él descubrimos que ha perdido una parte sustancial de su valor.
También hemos hablado de que el fenómeno que genera la inflación es el aumento de la masa monetaria, es decir la generación de nuevo dinero.
Por ello resulta razonable hacerse la pregunta sobre cómo se crea ese dinero. Y sobre todo quién lo decide y en base a qué lo hace.
Cuando uno se plantea cómo se genera el dinero lo habitual es imaginarse una imprenta estampando billetes a toda velocidad, como las rotativas de un periódico a última hora de la noche.
Pero al igual que la prensa escrita se ha convertido en algo testimonial, objeto de decoración de salas de espera y barras de bar, la emisión de dinero por la vía de acuñar moneda o imprimir billetes es también algo anecdótico dentro de la masa monetaria.
En todo caso, para los curiosos sobre cómo funciona el sistema de impresión de moneda física, en España se encarga la empresa pública IMBISA , acrónimo de “Imprenta de Billetes, SA”, en todo un alarde de creatividad y branding. Pero obviamente no se pone a imprimir de forma indiscriminada, sino que es Eurosistema, el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales, quien decide y transmite las instrucciones a las distintas imprentas distribuidas por la Unión Europea. Estos organismos nacionales se reparten qué tipo de billetes hará cada una, pues no se encargan solo de los de su país correspondiente, sino que producen el tipo de billete que les ha tocado para el resto de países. En España producimos aproximadamente el 12% de los nuevos billetes de la zona euro, y desde 2024 tenemos la exclusiva de los billetes de 10€.
Nota: el mandato del Banco Central Europeo es mantener una inflación en torno al 2%. Es decir, que nuestro sistema genera inflación por diseño.
Satisfecha nuestra curiosidad sobre el viejo arte de acuñar moneda, la cuestión clave que nos trae aquí es cómo se genera la mayoría del dinero en circulación, entre el 80% y el 90% de la masa monetaria, que obviamente es mediante anotaciones en cuenta plenamente digitales. Y es que aunque los bancos centrales tienen entre sus mecanismos de política monetaria la creación directa de reservas o mecanismos como los Quantitative Easing (los bancos centrales compran deuda pública o corporativa, emitiendo para ello nuevo dinero), en realidad son los bancos comerciales los que crean el dinero.
Ese banco que tiene una sucursal en la esquina de tu calle es quien está generando el dinero.
Cuando un banco concede un crédito a un cliente, por ejemplo le concede 300.000€ a una persona para que compre una vivienda, no coge ese dinero de las cuentas que tienen allí otros clientes con sus ahorros. Esa historia que le contamos a los niños sobre que los bancos cogen el dinero de los ahorradores y se lo prestan a otras personas es simplemente un cuento infantil. Cuando al cliente que ha pedido el préstamo se lo conceden, el banco le hace una anotación de dinero en su cuenta… pero este no se descuenta de ningún otro lugar.
Si lo miramos desde el punto de vista contable podemos entender más claramente como funciona. Cuando un banco concede un crédito de 300.000€ a un cliente y le hace este depósito en su cuenta, anota esa cantidad en su Activo, porque es un derecho del banco a recibir los pagos futuros del cliente. Pero de forma simultánea también la anota en su Pasivo, pues se compromete a atender las retiradas de dinero del cliente hasta ese importe cuando éste las ordene.
Como podéis ver, no se está moviendo el dinero de ningún otro cliente, ni el dinero viene de ningún otro lugar. Simplemente el banco está creando dinero al conceder ese préstamo.
De hecho, el modelo bancario actual funciona exactamente al revés de la creencia popular: el banco comercial no presta el dinero que previamente le han depositado los ahorradores, sino que primero concede el crédito y después se pone a buscar las reservas necesarias para respaldar ese riesgo que han asumido.
Estas reservas pueden venir del mercado interbancario (el famoso Euribor, que es el precio al que se prestan dinero entre los bancos), del flujo de dinero de los clientes, o del Banco Central Europeo, que como prestamista de última instancia garantiza que el sistema disponga de las reservas necesarias, mientras los bancos hayan cumplido con las normas de solvencia y liquidez.
Si ya os habéis recuperado del shock, la siguiente pregunta lógica es: ¿Puede un banco comercial crear dinero de forma ilimitada?
La respuesta es que técnicamente sí, haciendo uso de este privilegio que le concede la licencia bancaria que le ha otorgado el banco central correspondiente. Pero como todo gran poder conlleva una gran responsabilidad (que es una famosa frase de Damocles si eres de Letras, o del tio de Spiderman en caso contrario), para poder seguir manteniendo esa capacidad debe atenerse a los requisitos que el banco central le exige.
Aunque a muchos nos suena el concepto de reserva fraccionaria y los coeficientes de caja, es decir la cantidad del dinero efectivamente depositado que debe tener un banco en proporción a los créditos que ha concedido, este prácticamente ha pasado a ser irrelevante.
Hace una década ese coeficiente de caja estaba fijado en el 1%, lo cual significa que por cada 100€ de créditos concedidos, el banco debía mantener al menos 1€ en caja, para atender las retiradas de dinero que pudiesen requerir los clientes.
Debido a ello se ha ido cambiando paulatinamente por otros requisitos, que son los que garantizan al sistema que los bancos están manteniendo bajo control sus riesgos, como es el capital regulatorio que establece Basilea III/IV, los ratios de liquidez (los bancos deben poder atender las retiradas, pero se mide en el tiempo que deben poder hacerlo y no en porcentaje de créditos concedidos), riesgos de los créditos concedidos a los clientes, etc…
En realidad la idea es que la cantidad de dinero en circulación sea una magnitud que se regule de forma automática: cuando hay más demanda de créditos a los bancos comerciales asumimos que hay mayor actividad económica y por tanto se genera más dinero, y cuando esa demanda de crédito se reduce asumimos que hay menos actividad y por tanto la cantidad de dinero en circulación se reduce.
Llegamos a nuestro límite auto impuesto de consumo de vuestra atención dominical, aunque podéis imaginar que este tema daría para mucho.
Aunque hoy el dinero lo generan los bancos comerciales, con un sistema diseñado para que se autoregule, en realidad estos solo son una correa de transmisión de las políticas monetarias de los bancos centrales. Y estas cada vez están más influidas por los deseos de los políticos de turno, como hemos visto en las presiones que Donald Trump está realizando sobre la Reserva Federal para que baje los tipos de interés.
Es el banco central quien determina los requisitos regulatorios de los bancos, y por tanto con cuanta “alegría” pueden asumir riesgos al prestar dinero a sus clientes, y también determinan el tipo de interés del dinero, lo cual también modula el apetito de los clientes a pedir créditos, y por tanto a generar más dinero: solo aquellos proyectos que prevén dar una rentabilidad superior al tipo de interés que haya en ese momento pedirán un crédito.
Nos queda para otro día hablar de cómo la banca en la sombra (que no tiene nada que ver con películas de superheroes) y las stablecoins están generando mucha liquidez aparte del sistema, lo cual hace que los bancos centrales empiecen a tener problemas para controlar la masa monetaria.
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