Si lo analizamos objetiva y detenidamente, toda inversión es una apuesta a la ocurrencia de un suceso futuro.
De esta forma, si compramos deuda pública estamos apostando a que llegada la fecha de vencimiento recibiremos nuestro capital más el cupón, si compramos acciones de una compañía estamos apostando a que conseguirán resolver los problemas de su segmento de negocio y generar resultados positivos, y si compramos una vivienda para alquilarla estamos haciendo una apuesta cruzada en la que esperamos que su valor de mercado aumentará y seremos capaces de cobrar rentas mensuales mientras somos los propietarios.
Cada una de las apuestas tiene diferentes consideraciones y diferentes riesgos, pero en definitiva todo son apuestas.
Sin embargo, cuando nos aproximamos a un casino online o una plataforma de inversión de una entidad financiera experimentamos una sensación muy diferente. No lo percibimos de la misma forma. Nuestra expectativa sobre la experiencia es radicalmente distinta.
Por un lado podría argumentarse que la diferencia es el riesgo que se asume en uno y otro caso. Pero en realidad dudo mucho que el riesgo que asumes apostando a rojo o negro, que diremos que es un riesgo de perder toda tu apuesta del 50% (en realidad es siempre mayor del 50%, porque el casino tiene que tener garantizado su margen, así que la probabilidad se pone a su favor con la casilla verde o el 00), sea muy superior al que asumes cuando inviertes en fondos alternativos o algunos chicharros de la bolsa. O incluso no tan chicharros, pues durante 2024 las acciones de Intel cayeron más de un 60% o las de Volkswagen han caído un 72% entre 2021 y 2024.
Por otro lado hay quien considera que la diferencia fundamental entre invertir y apostar es que lo segundo es puro azar, mientras que lo primero tiene un componente de análisis y pone a prueba su inteligencia o conocimiento de ese dominio. Pero eso implicaría considerar que rellenar La Quiniela no es una apuesta, sino una inversión, en tanto pretendemos utilizar nuestro conocimiento sobre la materia. O bien que somos capaces de predecir el comportamiento futuro de las operaciones e innovaciones de una empresa, desde fuera, cuando ni siquiera quienes trabajan en ella a diario son capaces de presupuestar el siguiente trimestre.
Una de las diferencias cruciales entre la inversión y un casino online es el plazo de una y otra. Mientras que si hablamos de inversión, incluso en bolsa, la recomendación es que lo hagas con un horizonte de varios años, el resultado de una apuesta en un casino tarda apenas unos segundos. Esta rapidez aporta su correspondiente dosis de dopamina, de forma similar a la que experimentamos haciendo scroll en una red social, y transforma lo que debiera ser un mero ejercicio de cálculo de riesgos en una forma de entretenimiento.
La antítesis de las apuestas en un casino sería el ahorro, que es la inversión más aburrida que existe. Pero es que un ahorrador precisamente lo que busca es eso, que no suceda nada, no sufrir sobresaltos, y que cuando vaya a buscar su dinero, simplemente esté allí.
Hay quien pone en duda que el ahorro pueda llegar siquiera a considerarse inversión, pero en realidad no existen los activos libres de riesgo, y cuando asignas parte de tu capital a uno de ellos, incluso el más seguro que puedas imaginar, estás invirtiendo. Estás haciendo una apuesta sobre qué va a suceder en el futuro.
Si crees que simplemente puedes “no jugar”, dejando tu capital en Euros depositado en una cuenta bancaria, siento decirte que el dinero también es un activo financiero y por tanto estás expuesto a riesgos (y a la certeza de devaluación por medio de la inflación)
Volviendo a la tesis principal de este post, las apuestas de casino tienen algunas otras diferencias obvias con la inversión, sobre todo por aquello que las envuelve. No es la misma experiencia tener una sesuda reunión en el despacho profesional de un asesor de inversiones, que pasar la noche en un local lleno de luces y sonidos festivos, tomando copas, y decidiendo si pides otra carta en el Black Jack.
Pero aunque dejásemos a un lado la evidente aproximación lúdica de un casino a la apuesta sobre sucesos futuros, existen otros ejemplos que nos muestran cómo socialmente han ido convergiendo la inversión y el entretenimiento. Espacios donde la inversión provee de una experiencia que excede el objetivo meramente económico y conlleva un estímulo diferente.
Por ejemplo, el foro de Reddit llamado WallStreetBets consiguió que quebrase el fondo de inversión Melvin Capital, que había invertido fuertemente contra la cotización de Gamestop, en lo que obviamente se trataba de un pulso de la comunidad al mundo financiero, más que a una objetiva búsqueda de rentabilidad individual por parte de los miembros del foro.
A finales de 2020 la empresa Gamestop, una cadena retail de videojuegos, estaba en una situación muy complicada, lo que se reflejaba en su cotización (llegó a menos de un dólar por acción). De esta forma se convirtió en presa fácil de hedge funds, como Melvin Capital, que se pusieron apostar contra la empresa, que parecía abocada al cierre. Para ello tomaron prestadas acciones de la empresa y las vendieron, de forma que cuando después tuviesen que recomprarlas su precio fuese aún más bajo, o directamente no valiesen nada por haber quebrado.
El asunto es que tanto se cebaron los fondos con las acciones de Gamestop que llegaron a tomar prestadas y vender más acciones de las que realmente había en circulación. Muchas más.
Un usuario del foro WallStreetBets, llamado DeepFuckingValue (sí, en serio) se dio cuenta de esta situación y cayó en la cuenta: Si se ponían todos a comprar acciones, cuando los fondos tuviesen que comprar para devolverlas a quienes se las han prestado, tendrían que pagarles el precio que ellos fijasen por esas acciones.
Y de una forma más o menos descoordinada, aunque jaleados por los miembros del foro y algunas celebridades externas, se pusieron a comprar acciones. Muchas acciones.
El precio subió desde los 3-4 USD a tocar un máximo intradía de 483 USD. Evidentemente estas inversiones en bolsa no guardaban racionalidad alguna, y también era obvio que muchos de los que estaban comprando para hacer subir el precio nunca llegarían a rentabilizarlo. Pero la diversión y la satisfacción de formar parte de aquel movimiento lo justificaba.
En enero de 2021 el fondo Melvin Capital perdió más del 50% de su valor, y a pesar de que fue rescatado por Citadel y Point72 con una inyección de más de 2.700 millones de USD, finalmente no pudo continuar sus operaciones y terminó liquidándose. Y todo por los loles.
Actualmente observo con cierta fascinación cómo tras unos años en los que se han denostado los portales de apuestas deportivas, hasta el punto de legislar para que no puedan patrocinar eventos deportivos o su publicidad en medios de comunicación esté limitada a la franja de 1:00 a 5:00, ahora estamos abrazando alborozados los mercados de predicción, como Polymarket o Kalshi.
Un mercado de predicción es una plataforma en la que se puede apostar a la ocurrencia de un suceso concreto y definido. Se basa en la idea de inteligencia colectiva, y en que el precio de las apuestas sobre si algo sucederá o no sucederá supuestamente refleja la probabilidad de que finalmente ocurra. Algunas de estas plataformas se encuadran dentro del movimiento crypto, y en concreto de las finanzas descentralizadas (DeFi), ya que la propia comunidad puede participar en caso de discrepancia respecto a si podemos dar o no por cumplido el suceso en los términos en los que se formuló la apuesta.
Su popularización surgió en el entorno de la predicción de resultados de elecciones políticas, pero hoy es utilizado también como un instrumento de cobertura en operaciones financieras. Es usual ver apuestas, o mercados como se denominan, sobre la probabilidad de que la Reserva Federal realice recortes de tipos, lo que de facto entremezcla una apuesta como una inversión de pleno contenido económico.
Aunque este tema nos daría para derramar ríos de tinta, hemos alcanzado nuestro límite autoimpuesto de consumo de vuestra atención dominical.
Como hemos visto, la frontera entre ahorro, inversión, apuestas y predicciones es muchas veces difusa. Pero lo es más por el contexto en que se produce y el objetivo que nosotros pretendemos, que por la naturaleza del hecho en sí.
Es complicado entender que apostar 100€ por el resultado del Atleti en la Champions sea entretenimiento, pero comprar 100€ de una criptomoneda desconocida promocionada por un crypto bro amateur debamos considerarlo inversión.
Siempre y en todo caso estaremos haciendo apuestas sobre el futuro, y en la medida en la que lo analicemos objetivamente podremos identificar si buscamos exclusivamente un retorno económico, un refugio para nuestro dinero, expresar algún tipo de reivindicación, o incluso que forme parte de nuestro entretenimiento. ¿Cuántos productos o servicios de inversión a tu alrededor crees que en realidad se promocionan como una de estas categorías, pero en realidad son otra?
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