Si hay un mantra que todo el mundo repite en el mundo de la inversión es que debemos diversificar. No hay que poner todos los huevos en la misma cesta. No debes jugártelo todo a una sola carta. Diversificar es mejor que no hacerlo. Y punto. Sin escala de grises, como buen mantra.
El asunto es que, como siempre comentamos, deberíamos ser críticos con cualquier aseveración y plantearnos de una forma analítica si de verdad es una ley universal, o hay escenarios en los que no se cumple. Especialmente con aquellas que nos pueden suponer disgustos e imprevistos económicos.
Así que empecemos repasando qué es diversificar. En resumen, se trata de distribuir tu inversión en diferentes activos, de forma que la potencial evolución negativa de uno de ellos no trastoque demasiado tu patrimonio.
Diversificar es una técnica para gestionar el riesgo de la inversión.
Dado que una de las principales características del futuro es que es incierto, es imposible predecir cómo se va a comportar un activo a lo largo del tiempo. No podemos anticipar los resultados de una empresa más allá de unos pocos meses, ni anticipar sucesos e imprevistos que puedan hacer que un activo pierda su valor.
Pensemos, por ejemplo, en que nuestra tesis de inversión es que al sector del petróleo le va a ir bien (aquí sería necesario hablar de a qué plazo, pero el horizonte de inversión es material para un futuro post), y por ello será una buena inversión. Eso podría, por ejemplo, llevarme a invertir en BP… y que esta tuviese un problema como el vertido de Deepwater Horizon en el golfo de México en 2010.
Como no sabemos qué petrolera va a tener una desgracia, o tener un problema político, o un escándalo de algún tipo, o simplemente tomar malas decisiones estratégicas para su negocio, en lugar de poner nuestra inversión para el sector del petróleo en acciones de una sola empresa, lo que hacemos es repartir ese importe entre varias de ellas. Si el petróleo efectivamente tiene una evolución positiva, todas ellas se beneficiarán en mayor o menor medida, y en caso de que una sufra un problema o imprevisto, solo se verá afectado un pequeño porcentaje de nuestra inversión en petróleo.
Es un ejemplo sencillo, pero la mecánica creo que queda suficientemente explicada. Diversificar es buscar seguir manteniendo la exposición al beneficio que esperamos, pero reduciendo el riesgo de que un suceso adverso nos haga demasiado daño.
Bajo esa perspectiva, diversificar es buenísimo. Y cuanto más diversifiquemos mejor (sí, aclaro que es una afirmación “trampa”, que la ironía escrita está bajo el yugo de la la Ley de Poe). Pero hay que tomar en cuenta dos consideraciones: la primera es que diversificar tiene coste, y la segunda es que diversificar no es para ganar, sino para no perder.
Diversificar significa que en lugar de comprar un activo, vas a comprar varios en el mismo espacio de tu estrategia de inversión. Eso implica más costes de compra y comisiones, pero también más tiempo y atención que dedicar a gestionar tu patrimonio y mantener controladas tus inversiones, las noticias que les puedan afectar, etc.
Hoy día probablemente el activo más escaso y valioso es nuestra capacidad de atención.
Diversificar nos ayuda a gestionar el riesgo negativo, pero en la misma medida nos impide aprovechar los riesgos positivos. Si en 2023 hubieses invertido en acciones de Nvidia, hubieses multiplicado tu dinero por 13x. Pero si hubieses diversificado y hubieses distribuido ese importe entre las empresas del índice Nasdaq-100, tu inversión únicamente se hubiese multiplicado por 2,2x. Esta es una rentabilidad estupenda, porque ha sido una etapa positiva, y porque también Nvidia está entre las 100 empresas del índice, pero no deja de ser un rendimiento 6 veces menor que si en lugar de diversificar hubieses acertado con el valor clave.
En el caso extremo, si diversificases entre todas las empresas del mundo, y por tanto las ganancias de unas se compensasen con las pérdidas de otras, tu rentabilidad sería cercana a la inflación.
La cuestión es que, desde finales de los años 90, gracias al trabajo de John C. Bogle, el fundador de Vanguard, sabemos que los gestores profesionales no mejoran los resultados de los índices que diversifican entre muchos valores. Un gestor profesional, con todo un equipo detrás, con acceso a información y tecnología, y que no tiene otra cosa que hacer más que estar analizando inversiones, no bate al índice de forma consistente. Puede tener algunos años buenos, pero a medio plazo, el índice lo acaba haciendo mejor.
Los humanos somos bastante malos valorando riesgos.
Ahora bien, diversificar también requiere de una estrategia, o podrías llevarte sorpresas desagradables, por ejemplo, invirtiendo en activos correlacionados. Es decir, que cuando suben, lo hacen todos, y cuando bajan, lo hacen todos también.
Vuelvo a utilizar la bolsa como ejemplo, porque es más fácil mostrarlo en ese contexto. Supongamos un inversor que no quiere jugar a la ruleta rusa seleccionando una empresa concreta donde invertir, consciente de sus propias limitaciones. De esta forma distribuye su inversión entre tres índices. El primero es el Nasdaq-100, que como su propio nombre indica ya se distribuye entre 100 empresas diferentes. El segundo es el SP500, que siguiendo con la misma originalidad de naming está compuesto por 500 empresas. El tercero es directamente el MSCI World, que lo conforman entre 1.300 y 1.400 empresas.
Ha hecho solo tres compras, por lo que el coste de gestión es reducido, y ha repartido su inversión entre más de 1.000 empresas. Pero ha diversificado de pena. Si hubiese un crack en las empresas tecnológicas sufriría mucho el Nasdaq-100, pero es que hay al menos 80 de estas empresas que también están en el SP500 y también tienen mucho peso en el MSCI World. De forma que lo que parece muy diversificado, no lo es tanto.
Por eso, cuando hablamos de diversificar añadimos algún tipo de criterio. Puede ser diversificar por geografía o por sectores económicos, pero mi preferencia es hacerlo por tesis de inversión. Es decir, seleccionar activos que tengan un diferente razonamiento de cómo ganan dinero o te protegen del riesgo, de forma que sea muy difícil que todas estén perdiendo dinero a la vez (y ganándolo, recuerda. Aunque pueda parecer contraintuitivo, una estrategia de inversión bien diversificada probablemente siempre tenga algún activo perdiendo dinero).
En este contexto es donde aparece la inversión en inmobiliaria no residencial, que no olvidemos es dónde tenemos nuestro foco, que tiene como activo unas características y tesis de inversión propias. Por ejemplo, es un activo con menor volatilidad que los mercados financieros. Eso no es ni bueno ni malo por sí mismo, sino una característica. Si no busco multiplicar por 5x mi inversión, y no quiero sufrir sobresaltos de un día para el otro, es una mejor opción que invertir en bolsa.
Otro valor refugio podría el oro, que además tiene la ventaja de ser un activo homogéneo, pero este no genera rentas mensuales. Otro activo que genera rentas periódicas, habitualmente anuales, es la deuda pública, pero en este caso la inmobiliaria es un refugio contra la inflación, mientras que la deuda pública está expuesta a esa depreciación. Sin embargo, la deuda pública requiere de un capital reducido para invertir, y la inmobiliaria, especialmente la no residencial, requiere de importes mucho mayores (sí, estamos trabajando en ello, stay tuned).
Como se puede ver, no se trata de que haya activos buenos o malos, sino encontrar la combinación de características que te acercan al objetivo de rentabilidad que estás buscando (No, una estrategia de inversión no se debería reducir a simplemente a elegir «dónde más dinero se gane»)
Nota simpática para el cierre, que ya hemos llegado a nuestro autoimpuesto límite de vuestra atención dominical: hay quien defiende que para invertir en startups, donde el riesgo es muy alto porque la mayoría fracasará y es muy difícil saber cuál triunfará, lo conveniente es repartir dinero casi al azar entre muchos proyecto y esperar que alguno de ellos sea un exitazo. Suele decirse que si invierten en diez empresas, siete quebrarán, dos empatarán y una será un pelotazo que compensará todo lo anterior. “Spray and pray” lo llaman. En serio. Por si andas fustigándote demasiado por no estar diversificando con rigor tus inversiones.
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