De forma sorprendentemente premonitoria, a principios del año 2007 se publicó el libro “The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable”, de Nassim Nicholas Taleb. Apenas unos meses antes de un evento impredecible y de impacto catastrófico como la quiebra en cadena de varios bancos globales derivada de la crisis de las hipotecas subprime, Taleb filosofaba oportunamente sobre este tipo de sucesos.
La tesis central del libro, que posteriormente se convirtió en la provocativa y muy recomendable obra de Taleb, es que vivimos en un mundo de riesgos asimétricos, extremadamente mal ponderados por los humanos.
La inmensa mayoría de nosotros ya hemos aceptado que el futuro es impredecible, y que no podemos movernos en el terreno de las certezas, sino en el de las probabilidades. Ahora bien, seguimos siendo pésimos en la comprensión y gestión de lo que implican esas probabilidades.
Es habitual escuchar a gente que considera que un suceso con una probabilidad de ocurrencia del 60% equivale a que prácticamente seguro sucederá. Como si fuese una votación entre el sí y el no, y el primero hubiese sacado una amplia mayoría absoluta.
El ejemplo más ilustrativo lo tenemos con la icónica imagen de la final del Open de Australia de tenis de 2022, que enfrentaba al mejor de cinco sets a Daniil Medvedev y Rafa Nadal. El tenista ruso había ganado los dos primeros sets, y al inicio del tercero también empezó ganando. En ese momento la televisión sobreimpresionó el cálculo de probabilidades de victoria para cada uno de los jugadores: un 96% a favor de Medvedev, y un exiguo 4% para Nadal. Pero si eres fan de Nadal, te gusta el tenis o eres aficionado a la épica, sabrás que Nadal acabó ganando ese partido. Porque hasta el rabo, todo es toro.
Este es un ejemplo ideal para recordarnos cómo funciona la probabilidad y su impacto en el mundo de la inversión. Que, debido al análisis histórico de los resultados de las finales de un Gran Slam en las que ha empezado ganando uno de los tenistas por dos sets a cero, y ha empezado ganando el tercero, resulte que hay un 96% de probabilidades de que este gane, no implica que esto sea lo que va a suceder con casi toda seguridad. Y lo que es más importante, en caso de que hubieses hecho en ese momento una “apuesta segura” por Medvedev, lo habrías perdido absolutamente todo. Esa supuesta seguridad no lo era porque tus pérdidas estuviesen limitadas, que es otra acepción muy distinta de la seguridad, sino porque el suceso contra el que apostabas era muy raro.
Que en ese momento del partido Medvedev tuviese un 96% de probabilidades de ganar “solo” significaba que, si se jugasen cien partidos exactamente iguales, en 96 de ellos ganaría el tenista ruso. La clave es que, mientras en un entorno matemático esto puede tener su interés, en la vida real no tiene impacto, o al menos uno que puedas gestionar. Es literalmente imposible repetir un partido cien veces, y por otro lado a ti te da realmente igual cuáles eran las probabilidades de que algo ocurriese: lo que te afecta es cuál ha sido el resultado, fuese este probable o improbable.
Otro ejemplo muy habitual es ver a un equipo comercial asignando probabilidades al cierre de sus operaciones comerciales en curso. Supongamos que la suma total de las oportunidades es de un millón de euros, y le asignan una probabilidad de éxito del 75%, basado en el comportamiento pasado de esos clientes y productos, en la estacionalidad, el análisis macroeconómico y la agresividad de la competencia, o el más usual chupar la punta del dedo y elevarlo ligeramente por encima de la cabeza… En ese caso hay quien hace estimaciones financieras de que tendrán un flujo de caja de 750.000€ en los próximos meses. Pero en realidad podrían ser perfectamente un millón, o cero euros. Y lo que impactará en tu vida es el resultado final.
En el terreno personal, esto lo aprendí yo antes de que Taleb publicase su libro, cuando decidí operarme de miopía con una intervención que tenía documentado su éxito en más del 90% de los casos. Si observáis mi foto podréis comprobar que mi caso lo anotaron en el otro 10%.
Llegados a este punto tenemos una idea más clara sobre qué determinan realmente las probabilidades, pero aún nos falta otra perspectiva fundamental sobre estas: cuál es el impacto cuando lo más probable no es lo que termina sucediendo. Y esto es determinante porque, volviendo a nuestro ejemplo de la final del Open de Australia de tenis, si hubiésemos realizado una apuesta por Medvedev la cuota sería muy baja, dado que la probabilidad de ganar era muy alta, mientras que si hubiésemos apostado por Nadal, la cuota sería muy alta, para incentivar a los temerarios y que algunos piquen.
Es decir, que los que asumieron el mayor riesgo tuvieron una gran recompensa mientras que los que presuntamente apostaron por lo seguro lo acabaron perdiendo todo. Y aquí está la primera clave de la estrategia barbell: una apuesta no es segura en base a su probabilidad, sino a su impacto. Si una apuesta te puede hacer perder todo, por muy baja que sea su probabilidad, a base de repetir la apuesta segura terminará sucediendo un evento raro que te llevará a la quiebra.
De la misma manera, esta filosofía de inversión mantiene que las grandes rentabilidades solo pueden venir de la ocurrencia de sucesos poco probables, porque es donde te están dando una recompensa que está más allá de lo razonable, basado en lo malos que somos los humanos para calcular riesgos.
Debido a ello, la estrategia barbell lo que propone es equilibrar los pesos, como haríamos con la barra en el gimnasio, y llevar nuestras inversiones a los extremos. O algo muy seguro, o algo con un potencial de retorno inmenso, pero nada en el término medio.
Lo de que en el término medio está la virtud rara vez suele corresponder a la realidad.
Pero dado que la probabilidad y el impacto son muy diferentes en uno y otro extremo de la barra, tenemos que equilibrar también los pesos. Típicamente esta estrategia sugiere colocar un 80-90% en activos muy sólidos y seguros, y un 10-20% en activos con gran potencial.
A los activos con gran potencial se les conoce como activos convexos, porque cuando pierdes, lo cual sucede a menudo, pierdes poco, pero cuando ganas, ganas una barbaridad. Pero una barbaridad realmente. No es que ganes un porcentaje un poco mayor, sino que multiplicas tu inversión por varias veces. O incluso por decenas o cientos de veces, lo cual compensa las pérdidas anteriores. Es algo así como que te toque la lotería, después de estar comprando todas las semanas durante años.
Entre estos activos convexos el más reconocible es la inversión en startups, donde lo habitual es perderlo todo, pero cuando aciertas puedes multiplicar exponencialmente tu patrimonio. Pero, ¿y entre los activos seguros? ¿Qué activos podríamos considerar activos seguros, como para depositar en ellos la inmensa mayoría de nuestro capital y poner nuestra atención en el resto de apuestas arriesgadas?
Aunque este tema nos podría dar para varios libros, como al propio Taleb, hemos llegado a nuestro autoimpuesto límite de consumo de vuestra atención dominical.
La estrategia barbell de Taleb nos anima a observar como los sucesos altamente improbables son, cuando finalmente acaban sucediendo, aquellos que nos moldean, para bien y para mal.
De forma complementaria, nos propone que la mayor parte de nuestras inversiones deberían estar a buen recaudo, dándonos la tranquilidad que nos permita hacer apuestas. Pero lamentablemente hoy día no disponemos de alternativas evidentes a las que podamos considerar seguras, en el sentido de que no puedan suponerte un quebranto patrimonial severo.
Ahorrar en dinero ya hemos comentado repetidamente que supone la certeza de depreciación, a causa de la inflación. La deuda pública está alcanzando en muchos países un volumen que nos hace tomar consciencia de que no se va a poder pagar, lo que lo transforma en el ejemplo perfecto de pretendida apuesta segura que puede dejarte sin nada. El oro, tradicionalmente el principal activo refugio, se ha convertido en un activo especulativo más, con una volatilidad que ha hecho desaparecer 1,7 Trillion USD de valor de sus inversores solo esta semana.
En tiempos convulsos, donde todo sucede muy deprisa y nada parece sólido, no es sencillo encontrar refugios de valor con los que compensar los pesos de una estrategia barbell.
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