El pasado 26 de noviembre de 2025, la CNMV comunicaba la autorización a Securitize para operar el primer Sistema de Negociación y Liquidación de activos financieros basado en tecnología de registro distribuido.
Dicho así, a menos que estés familiarizado con el mundo de la tokenización, es probable que no te transmita la importancia de este hecho. De forma que intentaré traducirlo a un lenguaje más coloquial: por primera vez en España (y cuarta en toda la Unión Europea) se autoriza un mercado de valores operado sobre blockchain.
Hace apenas cinco años esto hubiese sido impensable, no por la capacidad de la tecnología para operarlo, sino por la posición contraria de los reguladores y los principales actores del sistema financiero. Hasta hace poco tiempo las instituciones consideraban blockchain una atracción de feria, una curiosidad freaky más que un nuevo paradigma para revolucionar la forma en la que nos relacionamos con las finanzas.
De hecho se preguntaban para qué necesitábamos nuevos sistemas con los que hacer transacciones, con lo bien que funcionaba el sistema antiguo (no he encontrado una buena forma de señalar ironía cuando escribo, pero estaría bien que la aplicases aquí)
Para que os hagáis una idea del contraste con la situación actual, fijaos en el entusiasmo manifestado esta misma semana por Paul Atkins, Presidente de la SEC (United States Securities and Exchange Commission), en cuanto a que en apenas dos años espera que los mercados de valores estén en blockchain.
Y en la misma línea se expresaba hace unas semanas Javier Pérez-Tasso, el CEO de SWIFT, la organización que se encarga de la transmisión de órdenes (el mensajero entre más de 11.500 entidades financieras en más de 200 países), en el acto de presentación de su nuevo sistema de registro sobre blockchain para literalmente cambiar los raíles tradicionales por unos raíles digitales.
La forma de registro de operaciones financieras tradicional se basa en un libro de órdenes. Un registro centralizado en el que se anotan los intercambios que se producen. Obviamente es un sistema que necesita unos procedimientos de seguridad a su alrededor, para evitar que alguien malintencionado pudiese modificar esos registros. A los actores que operan estos procedimientos les conocemos como terceros de confianza.
Estos terceros, porque son entes independientes de las dos partes que realizan una transacción, están estructurados a su vez en varios organismos, tanto por razones de especialización, como para asegurarnos de su independencia y rigor en la parte de la cadena financiera de la que son responsables.
De esta forma tenemos los siguientes actores principales:
- Un mercado de valores: lo que conocemos como “la bolsa”, que es un sistema en el que se negocian los valores. Son los responsables de mantener el libro de órdenes centralizado, publicar los precios, recibir y casar las órdenes según unas reglas de prioridad y precio, etc…
- Una cámara de compensación: cuando compramos un activo financiero nuestro dinero suele estar en la cuenta de nuestro banco y el activo en la cuenta de valores de la entidad de su propietario, que se conoce como custodio, que no suele coincidir. Esto ocasiona que el intercambio necesite un tiempo para realizarse, de forma que este organismo es quien valida que quien emitió la orden tiene bloqueado el dinero para hacer el intercambio y lo mismo para el tenedor del activo financiero que acepta la orden de compra. Y de paso se agrupan los traspasos del periodo de liquidación, para que el movimiento de activos sea el menor posible.
- Un depositario central de valores: Es el organismo responsable de llevar el registro contable de quien es el propietario de cada activo financiero en cada momento. Se encarga de efectuar la liquidación de una transmisión, y que no se produzcan dobles ventas, es decir que un mismo valor se utilice en dos transacciones simultáneas.
- Los reguladores: son organismos como los bancos centrales y las autoridades de control de los mercados de valores (CNMV, ESMA, SEC…), que son los encargados de redactar las normas para realizar transacciones, de forma que haya transparencia, estandarización y se eviten prácticas abusivas, y se encargan de la supervisión y cumplimiento de esas normas.
- Otros actores: como los brokers o entidades financieras, que se encargan del KYC (Know Your Customer, proceso para identificar a quienes realizan operaciones) y Prevención de Blanqueo de capitales, de informar a los organismo tributarios de las operaciones y titulares de los valores, etc..
Todo este aparataje se ha ido creando a lo largo de décadas, tomando una forma que respondiese a las necesidades de cada momento. Es un diseño por iteraciones sucesivas en las que cuando ha ido apareciendo un nuevo reto, se generaba una nueva tarea o función, y se le asignaba a alguno de los actores que ya existía.
Ahora que ya tenemos una foto general de cómo funciona el sistema financiero tradicional y qué actores tiene, veamos que actores necesita un sistema de transacciones sobre blockchain… Exacto, ninguno.
Recordad cuando hablamos sobre el contexto de crisis financiera en que Satoshi Nakamoto publica su paper sobre Bitcoin, y como el objetivo era crear un sistema de transmisión de valor entre particulares, sin terceros de confianza. Es el propio sistema blockchain, quien basado en criptografía e incentivos a sus participantes, hace que no sean necesarios.
Una transacción en una blockchain tiene liquidación atómica (el intercambio se produce de forma instantánea. En el momento en que se da de baja el activo en la wallet del vendedor, se produce el alta del activo en la wallet del comprador), por lo que la cámara de compensación deja de ser necesaria. Y respecto a la titularidad de un activo, en la blockchain puede consultarse todas las transacciones de forma transparente, y estas son inmutables, por lo que el rol de un custodio o un depositario central de valores se difumina bastante.
Esto, aunque técnicamente hablando es correcto, no es realista. Blockchain es una tecnología estupenda para registrar transacciones, pero los usuarios nos hemos acostumbrado a algunos servicios y garantías adicionales alrededor de nuestras transacciones financieras. Una interfaz amigable e intuitiva, que los productos financieros que estén disponibles para comprar cumplan con unas normas mínimas… y también hay organismos como la Agencia Tributaria que se han acostumbrado a poder tener la información de los contribuyentes y a poder ordenar embargos de cuentas.
Durante dos décadas hemos estado hablando de Transformación Digital y la promesa de la desintermediación, pero algo que hemos aprendido es que a quien se está ganando la vida como intermediario le parece genial que se desintermedien los demás, pero que a ellos le dejen tranquilos en su negociado, porque su presencia en la cadena aporta mucho valor, mucha tranquilidad y mucha garantía.
Por ello durante mucho tiempo la posición de las entidades financieras ha sido la de negar a blockchain un espacio. Sin embargo, por motivos que exploraremos otro día (la aparición de las stablecoins, para los impacientes y los aplicados que queréis investigar por vuestra cuenta), de repente los grandes actores financieros urgieron a los reguladores a crear un marco normativo en el que se permitiese utilizar blockchain dentro de los railes financieros tradicionales.
De una forma más o menos acelerada se están revisando todas las funciones y procesos del sistema financiero y planteándose cuáles se quedan y cuáles se dejan de hacer. Cuáles siguen siendo necesarias y cuáles son grasa del pasado. Por ejemplo, en la noticia que abre este post vemos como se han fusionado en un mismo actor el proceso de negociación y compensación. Las entidades financieras de repente están abrazando, con algo de fingida sorpresa, las bondades operativas de la blockchain, y están analizando rápidamente como soportar sus procesos sobre esta maravillosa nueva tecnología… para que sus procesos sigan siendo relevantes y sean ellos quienes los ejecuten.
Desde la publicación del paper de Bitcoin y el nacimiento de la blockchain a finales de 2008, y especialmente con el lanzamiento de Ethereum en 2015, los más idealistas sobre que esta tecnología hace innecesarios a todos los actores tradicionales del sistema financiero, han estado creando sus propios servicios descentralizados, las DeFi (decentralized finance). Con un éxito muy moderado, y dicho sea de paso, replicando en muchos casos los mismos instrumentos financieros del mundo tradicional, dando a entender que la «selección natural» que nos llevó a construir nuestro sistema tradicional se repitiese de nuevo, aunque de forma acelerada. O por falta de imaginación por estar obsesionados contando billetes, quien sabe.
La entrada de los grandes players financieros y su demanda al regulador de un marco normativo, que se cristaliza en mayo de 2023 con el reglamento MiCA de la UE, ha acelerado muchísimo el desarrollo, pero a costa de que estas instituciones estén desnaturalizando la idea de descentralización original. Básicamente los bancos lo están utilizando como excusa para ganar algo de eficiencia operativa pero seguir teniendo ellos un rol central en las finanzas.
Cuando Satoshi Nakamoto publicó el paper de Bitcoin estoy bastante seguro de que no estaba pensando en ser la excusa para que los bancos rediseñasen sus procesos.
Un secreto: que los bancos tarden dos días (lo que llaman T+2) en liquidar transacciones financieras no es un problema tecnológico. Con los libros de órdenes podrían haberlo hecho si hubiesen querido, por lo que la nueva y asombrosa eficiencia que han descubierto en blockchain no es mas que un relato con el que justificar porqué hacerlo ahora.
Aunque este tema podría dar, y os prometo que dará, mucho más que hablar, llegamos a nuestro autoimpuesto consumo de vuestra atención dominical.
Actualmente vivimos en un momento en el que no podemos saber si las Fintech más descentralizadas, más nativas de blockchain serán quienes ganen la partida, o si los bancos reaccionarán a tiempo para absorber el movimiento blockchain y encerrarlo en una capa tecnológica y operativa para mantener su influencia con el Estado.
En otros tiempos la lucha se hubiese decantado sin lugar a dudas por los segundos, especialmente por sus históricas relaciones con el poder político, pero ahora hay motivos para pensar que los Estados podrían ser mas favorables a las nuevas Fintech que a sus viejos compañeros del mundo financiero tradicional.
Próximamente hablaremos de Tether, una pequeña empresa tecnológica de apenas 200 personas que está emitiendo dinero tokenizado y que ya tiene más reservas en oro que la mayoría de bancos centrales.
Y también del acuerdo de CNBC con Kalshi, un mercado de predicción de los que hablamos la semana pasada, para integrar sus predicciones en los informativos de la cadena.
Y del acuerdo de Kraken, uno de los principales Exchange crypto, con Deutsche Börse para crear un mercado unificado de criptoactivos y productos financieros tradicionales con una misma experiencia de usuario.
Y de Quivalis, la nueva empresa para lanzar una stablecoin de Euro, creada por un consorcio de diez bancos europeos, de la talla Caixabank, BNP Paribas, Danske Bank, Deka, ING, KBC, Raiffeisen Bank, SEB, Sella y Unicredit.
Todas ellas noticias de esta misma semana, que muestran la velocidad a la que el mundo financiero tradicional está intentando vincularse al mundo de las finanzas descentralizadas antes de que no encuentren una silla cuando deje de sonar la música.
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